Pancho Lara

PANCHO LARA

El 3 de diciembre de 1900, marcó el inicio de la vida de uno de los cantautores salvadoreños más importantes de El Salvador.

Su nombre Francisco Antonio Lara Hernández, conocido artísticamente como Pancho Lara, nació en la hacienda “La Presa” jurisdicción de Santa Ana. Posteriormente, fue asentado en la ciudad de Armenia, Sonsonate.

Sus padres: Capitán Jeremías Lara originario de Santa Ana y Ángela Hernández de Lara, oriunda de San Vicente.
Fue el menor de 7 hermanos: Raúl, Humberto, Héctor, Rafael, Ofelia y Atilio.

A los cinco años se trasladó con sus padres a San Salvador y estudió hasta tercer grado en la Escuela Dr. José Matías Delgado, de la que tuvo que retirarse a causa de las dificultades económicas que atravesaban sus padres. Más tarde, cuando decidieron ponerlo a aprender un oficio, su hermano mayor, que era violinista, dispuso que fuera sastre para que le arreglara los trajes que usaba en sus presentaciones artísticas.Durante varios años sirvió como aprendiz de un maestro de sastrería y cuando hubo aprendido los secretos del oficio estableció su propio taller.

Desde la edad de quince años, comenzó Pancho a componer pequeñas estrofas de canciones infantiles, ayudado por su adorada madre a quien los vecinos, por su belleza, llamaban “florecita”; y apoyado en libros aprendió solfa, desarrollando su habilidad para tocar guitarra, marimba, piano y otros instrumentos de forma autodidacta. 

En 1926 compró su primera guitarra y junto con un grupo de amigos, vecinos de San Jacinto, formó la marimba “Chinteña”, fue así como continuó con la creación de sus canciones.

En 1930 asistió a unos cursos nocturnos para la formación de maestros rurales que, bajo la protección de don Luis Chaparro, se impartía en el Liceo Moderno, del profesor Francisco Luarca. Desde entonces fue conocido como “Pancho”, gracias a Don Francisco que así le llamaba para diferenciarlo de su propio nombre.

Por esa época llegó al país la insigne escritora chilena Gabriela Mistral, quien dictó una conferencia en la escuela para maestros rurales. De las cosas que dijo, una dejó huella en Pancho Lara: “Cada país de América debe cantar y exaltar sus propias cosas, porque éstas son bellas con belleza propia, había que darle fisonomía a nuestra América en la literatura y en el arte, había que cantarle, pero en nuestra propia lengua.”

En 1932, a resultas de la inundación que causó el río Acelhuate en los Barrios La Vega y Candelaria de San Salvador, perdió su taller de sastrería, lo que lo impulsó a poner en práctica sus conocimientos como maestro rural. Durante cuatro años se desempeñó como tal en el cantón Flor Amarilla Abajo, Santa Ana.

Posteriormente, pasó 8 años de su vida trabajando en el recibidero de café de la Agencia H. de Sola, en Jayaque.

Don Pancho Lara destacó en múltiples actividades, entre ellas la locución radial. En los años 40, el general Hernández Martínez desplegó una campaña de sanidad contra los zopilotes. Don Pancho, que trabajaba en la radiodifusora YSP, a instancias de Claudia Lars compuso la siguiente canción dedicada a estas aves tan despreciadas:
‘Pobrecito zopilote Ya lo quieren fusilar porque tiene su plumaje color de la tempestad.
”Es el rey del espacio, aunque no lo quieras creer; si tú alzas tus miraditas por 
doquier lo has de ver.
‘No señor, no hay razón para que lo quieran matar.
‘Pobrecito zopilote yo te doy mi admiración porque tienes privilegios de lo que es la 
sanidad “No señor, no hay razón para que lo quieran matar’.

Cultivó las letras, siendo colaborador literario de varias revistas y periódicos nacionales y, esporádicamente de algunas publicaciones extranjeras.

El 4 de octubre de 1966, llegó a Madrid, para participar en el XII Curso “Lo español en la creación artística,” ciclo de conferencias dirigido por Antonio Almagro y auspiciado por el Instituto de Cultura Hispánica. 

Fungió durante más de 25 años como Supervisor de Educación Musical en todo el territorio Salvadoreño, impartió charlas en diversas escuelas primarias del Ministerio de Educación en donde siempre compartió con los alumnos su música, escribiendo sus primeras canciones infantiles cuando fue maestro Rural en la escuelita “Flor Amarilla Abajo” de Santa Ana, a la fecha de su retiro se le concedió una exigua jubilación de trescientos colones, insuficiente para sostener dignamente su hogar.

Pancho Lara enfermó de gravedad en el mes de enero de 1989, sus hijos, en un enorme esfuerzo, lo internaron en un hospital privado, pero debido a los altos costos y a la falta de recursos, optaron por trasladarlo al hospital Rosales, donde falleció el 5 de Mayo del mismo año, en una cama de dicho hospital, a la edad de 88 años, rodeado de su familia y abandonado por las autoridades que en años atrás le tendieron la mano. En ese mismo lugar falleció su esposa Rogelia Rivera de Lara en el año 2000, a la edad de 89 años.

Sus restos se encuentran descansando en el parque memorial La Resurrección, nichos que fueron donados por esa empresa a Pancho Lara, cuando aún vivía. 

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